Una anciana señora china poseía dos grandes baldes, suspendidos en cada extremidad de una vara, que ella cargaba en su espalda.
Uno de los baldes estaba rajado y el otro era perfecto.
Este último estaba siempre lleno de agua al fin de la larga caminata desde el torrente hasta la casa, en cuanto el rajado llegaba medio vacío.
Por largo tiempo esto fue así, con la señora que llegaba a la casa con solamente un balde y medio de agua.
Naturalmente el balde perfecto estaba muy orgulloso de su propio resultado y el pobre balde rajado sentía vergüenza , de lograr hacer solo la mitad de aquello que debía hacer.
Después de un tiempo, reflexionando sobre su propia y amarga derrota por estar rajado, el balde hablo con la señora durante el camino:
“Siento vergüenza de mi mismo, porque por culpa de esta rajadura, no sirvo ya que pierdo la mitad del agua durante el camino hasta tu casa”
La anciana sonrió:
“¿Has observado que lindas flores hay solamente de tu lado del camino?
- ”Yo siempre supe de tu defecto y en mi camino de ida plante semillas de flores de tu lado en el camino. Y todos los días, al regresar, tu las regabas”
“ Durante todos estos años pude recoger aquellas bellísimas flores para adornar mi
Mesa. Si tu no fueras como eres, yo no habría tenido aquellas maravillas en mi casa.
En la vida todos nos enfrentamos con problemas ...Lo importante es la actitud con que los encaramos.
martes, 16 de febrero de 2010
jueves, 28 de enero de 2010
Imposible atravesar la vida...
…sin que un trabajo salga mal,
sin que una amistad cause decepción,
sin padecer algún quebranto de salud,
sin que un amor nos abandone,
sin que alguien de la familia fallezca,
sin equivocarse en un negocio.
Uno crece cuando no hay vacío
de esperanza,
ni debilitamiento de voluntad,
ni pérdida de fe.
Uno crece cuando acepta la
realidad y tiene aplomo para vivirla.
Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para mejorarlo.
Uno crece asimilando lo que deja atrás,
construyendo lo que tiene por delante y
proyectando lo que puede ser el porvenir.
Crece cuando se supera, se valora,
y sabe dar frutos.
Crece cuando se abre camino dejando
huellas, asimilando experiencias,
¡y sembrando raíces!
Uno crece cuando se impone metas,
sin importarle comentarios negativos
ni prejuicios; cuando da ejemplos sin
importarle burlas ni desdenes;
cuando cumple con su misión.
Uno crece cuando es fuerte por
carácter,
sostenido por formación, sensible por temperamento...
¡y humano por nacimiento!..
Uno crece cuando enfrenta el invierno
aunque pierda las hojas.
Recoge flores aunque tengan
espinas y marca camino aunque
se levante el polvo.
Uno crece cuando es capaz de
afianzarse con residuos de ilusiones,
capaz de perfumarse con residuos de flores...
¡Y de encenderse con residuos de amor...!
Uno crece ayudando a sus
semejantes,
conociéndose a sí mismo y
dándole a la vida más
de lo que de ella recibe.
Uno crece cuando se planta
para no retroceder...
Cuando se defiende como águila
para no dejar de volar...
Cuando se clava como ancla y
se ilumina como estrella.
Entonces... uno Crece
Y CRECE CUANDO CREE,
ESPERA Y CONFÍA
EN SU CREADOR!
¡Que pases una vida creciendo feliz, aunque cueste.!
sin que una amistad cause decepción,
sin padecer algún quebranto de salud,
sin que un amor nos abandone,
sin que alguien de la familia fallezca,
sin equivocarse en un negocio.
Uno crece cuando no hay vacío
de esperanza,
ni debilitamiento de voluntad,
ni pérdida de fe.
Uno crece cuando acepta la
realidad y tiene aplomo para vivirla.
Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para mejorarlo.
Uno crece asimilando lo que deja atrás,
construyendo lo que tiene por delante y
proyectando lo que puede ser el porvenir.
Crece cuando se supera, se valora,
y sabe dar frutos.
Crece cuando se abre camino dejando
huellas, asimilando experiencias,
¡y sembrando raíces!
Uno crece cuando se impone metas,
sin importarle comentarios negativos
ni prejuicios; cuando da ejemplos sin
importarle burlas ni desdenes;
cuando cumple con su misión.
Uno crece cuando es fuerte por
carácter,
sostenido por formación, sensible por temperamento...
¡y humano por nacimiento!..
Uno crece cuando enfrenta el invierno
aunque pierda las hojas.
Recoge flores aunque tengan
espinas y marca camino aunque
se levante el polvo.
Uno crece cuando es capaz de
afianzarse con residuos de ilusiones,
capaz de perfumarse con residuos de flores...
¡Y de encenderse con residuos de amor...!
Uno crece ayudando a sus
semejantes,
conociéndose a sí mismo y
dándole a la vida más
de lo que de ella recibe.
Uno crece cuando se planta
para no retroceder...
Cuando se defiende como águila
para no dejar de volar...
Cuando se clava como ancla y
se ilumina como estrella.
Entonces... uno Crece
Y CRECE CUANDO CREE,
ESPERA Y CONFÍA
EN SU CREADOR!
¡Que pases una vida creciendo feliz, aunque cueste.!
sábado, 9 de enero de 2010
Plantar un cocotero
Se cuenta de un hombre que, a sus 80 años, cavaba esforzadamente un pozo bajo el sol del mediodía. Un vecino bastante más joven que él, lo observó extrañado. “Don Vicente, le dijo, ¿qué hace a esta hora echando bofes de esa manera y con este calor?”.
La respuesta: “Voy a plantar un cocotero, me encantan los cocos”. Esto aumentó el estupor del vecino: “¿Pero usted sabe los años que tardará en dar frutos? Usted no lo verá”.
Don Vicente interrumpió su tarea, miró al muchacho y respondió con una sonrisa paciente: “Lo sé, pero, como te dije, me encantan los cocos. ¿Y sabés cuántos he comido en mi vida que fueron plantados por gente que no llegó a cosecharlos? Lo menos que puedo hacer es plantar este cocotero”.
¿Alguna vez te paraste frente a un cocotero y te preguntaste qué fue necesario para que esos cocos existan? Seguramente No, ni ante un cocotero, ni ante tantas otras cosas que damos por sentado, pero que no van a tener futuro si nosotros no las cuidamos...
Plantemos, aún sabiendo que el resultado jamás lo veremos con nuestros propios ojos, porque ese es el verdadero significado de la trascendencia...
La respuesta: “Voy a plantar un cocotero, me encantan los cocos”. Esto aumentó el estupor del vecino: “¿Pero usted sabe los años que tardará en dar frutos? Usted no lo verá”.
Don Vicente interrumpió su tarea, miró al muchacho y respondió con una sonrisa paciente: “Lo sé, pero, como te dije, me encantan los cocos. ¿Y sabés cuántos he comido en mi vida que fueron plantados por gente que no llegó a cosecharlos? Lo menos que puedo hacer es plantar este cocotero”.
¿Alguna vez te paraste frente a un cocotero y te preguntaste qué fue necesario para que esos cocos existan? Seguramente No, ni ante un cocotero, ni ante tantas otras cosas que damos por sentado, pero que no van a tener futuro si nosotros no las cuidamos...
Plantemos, aún sabiendo que el resultado jamás lo veremos con nuestros propios ojos, porque ese es el verdadero significado de la trascendencia...
domingo, 3 de enero de 2010
MANADA de Natalia Carolina
Un día cayó desde un nido, un pequeño ruiseñor bebé, en medio de una manada de leones quienes terminaban de comer.
Al mirarlo tan pequeño e indefenso, decidieron cuidarlo.
Con su mentalidad de leones y conocimiento de su mundo, decidieron hacer del bebé un gran león.
Entonces, al paso de los días y meses, empezaron a preocuparse muy seriamente:
Así, la leona de turno reportaba:
- No tiene garras retráctitiles, ¿cómo va a cazar?
- No ruge y ya tiene 5 meses ¿cómo va a conquistar a una leona cuando deba casarse?
- No tiene piel de mamífero ¿cómo abrigará a sus crias cuando sea papá?
Luego, hicieron un cónclave de leones y concluyeron que su pequeño y muy amado amigo a quien consideraban parte de la manada era un león discapacitado pues no tenía las condiciones para desempeñarse como un león en su vida adulta, todos sintieron gran pena por el pequeño, ¿qué sería de su vida?.
Finalmente, le encargaron al cuidado de un viejo león anciano que ya no cazaba, no había más que hacer.
El viejo león, lleno de sabiduría, observaba al pequeño y miraba que: si bien no tenia piel de león, tenía un bello plumaje; no tenía garras pero le había observado conseguir gusanos con su pico; y, si bien ciertamente no rugía, todas las mañanas deleitaba a la manada con sus bellos e inigualables cantos agudos e imposibles de imitar por los leoncitos de la manada!!!
El anciano ya no formaba parte del cónclave de leones pues despreciaban su poca fuerza, él mismo era un discriminado por su avanzada edad, sin embargo, su experiencia de la vida le permitía mirar algo que los otros no se habían detenido a analizar: el pequeño ruiseñor ciertamente pertenecía al reino animal, pero no era de la especie de los leones!!!
Al día siguiente, lo llevó a un sitio algo elevado en la montaña y le dejó actuar en libertad mientras le observaba con discreción: entonces, el pequeño ruiseñor, al sentir el aire en sus ágiles plumas, instintivamente, se elevó y voló!!!
Toda la manada quedó impresionada al mirar a su pequeño amigo volar y cantar feliz, y comprendieron que, afortunadamente para todos, la realidad es más amplia que el mundo de su manada de leones.
ESPERO QUE EN EL 2010 MUCHA GENTE DEJE DE PENSAR COMO MANADA
Natalia Carolina
lunes, 28 de diciembre de 2009
No es malo ser contemplativo,
es otra forma de ser, lo difícil es no ser respetado.
No es malo ser silencioso,
el silencio permite ver, lo difícil es ser discriminado.
No es malo ser solitario,
el desierto es maestro, lo difícil es ser ofendido.
No es malo ser distinto,
es enriquecedor mirar las cosas desde diversas perspectivas,
lo difícil es sufrir intolerancia.
es otra forma de ser, lo difícil es no ser respetado.
No es malo ser silencioso,
el silencio permite ver, lo difícil es ser discriminado.
No es malo ser solitario,
el desierto es maestro, lo difícil es ser ofendido.
No es malo ser distinto,
es enriquecedor mirar las cosas desde diversas perspectivas,
lo difícil es sufrir intolerancia.
de Natalia Carolina
viernes, 25 de diciembre de 2009
lunes, 21 de diciembre de 2009
Ser fuerte...
Ser fuerte es amar a alguien en silencio.
Ser fuerte es irradiar felicidad cuando se es infeliz.
Ser fuerte es intentar perdonar a alguien que no merece perdón
Ser fuerte es esperar cuando no se crea en el regreso.
Ser fuerte es manterse en calma en los momentos de desesperación.
Ser fuerte es demostrar alegría cuando no se siente.
Ser fuerte es sonreír cuando se desea llorar.
Ser fuerte es hacer a alguien feliz cuando se tiene el corazón en pedazos.
Ser fuerte es callar cuando lo ideal seria gritar a todos de tú angustia.
Ser fuerte es consolar cuando se necesita de consuelo.
Ser fuerte es tener fé aunque no se crea.
Por eso mismo, ante la dura realidad y por más difícil que la vida pueda parecer:
¡Ama y sé Fuerte!
jueves, 17 de diciembre de 2009
Una Navidad distinta
Te invito a celebrar una Navidad distinta, con algo más de conciencia en que en Navidad, Jesús es quien cumple años : homenajeemos al Cumpleañero.
Cuando salgas de compras para esos regalos que irán debajo del árbol, dispondrás de unas monedas más, para comprar un regalo extra, ese regalo también irá debajo del árbol pero en la tarjeta dirá, “Para Jesús que vive en Ti”, solo eso.
Si tu economía es buena, comprarás o un juguete o una prenda de vestir nueva, si tu economía es pequeña, comprarás unos dulces solamente, no importa el valor de lo que hay en el interior, el valor estará en la tarjeta que pondrás externamente.
Cuando tengas ese paquetito listo, lo pondrás debajo del árbol navideño, y el día 25, cuando se repartan los regalos a todos, el único que deberá quedar debajo
del árbol será el de Jesús, porque es para El. A partir del día 26 llevarás en tu bolso o maletín ese regalo contigo o lo dejarás en tu casa, esperando a que Jesús lo venga a retirar, eso lo eliges tú.
Seguramente en esos días, alguien, algún pequeño, alguna persona con carencias, alguien que necesita, te dirá que le ayudes, ese es Jesús que viene a buscar
su regalo, dáselo, entonces esa persona leerá lo que tú has escrito, "Para Jesús que vive en Ti".
Te puedo asegurar que te emocionarás, y esa persona que Dios ha puesto en tu camino, jamás olvidará lo que allí leerá y por siempre le quedará en su alma, entonces allí se habrá cumplido el Evangelio "Todo lo que hagas al más pequeño, a Mi me lo haces".
Juntos hagamos que esta Navidad, nos deje una enseñanza en el alma, sé que todos tenemos problemas económicos, pero un dulce... no hará más pobre a ninguno de nosotros y les aseguro que será el dulce más dulce del mundo.
Reenvía este mensaje, quizás a alguien le haga bien recibirlo y ponerlo en práctica, si somos 1,000,000 de almas haciendo esto, daremos 1,000,000 de regalos a Jesús, ¿qué tal? Uno solo no puede hacerlo todo, pero todos podemos hacerlo.
Cuando salgas de compras para esos regalos que irán debajo del árbol, dispondrás de unas monedas más, para comprar un regalo extra, ese regalo también irá debajo del árbol pero en la tarjeta dirá, “Para Jesús que vive en Ti”, solo eso.
Si tu economía es buena, comprarás o un juguete o una prenda de vestir nueva, si tu economía es pequeña, comprarás unos dulces solamente, no importa el valor de lo que hay en el interior, el valor estará en la tarjeta que pondrás externamente.
Cuando tengas ese paquetito listo, lo pondrás debajo del árbol navideño, y el día 25, cuando se repartan los regalos a todos, el único que deberá quedar debajo
del árbol será el de Jesús, porque es para El. A partir del día 26 llevarás en tu bolso o maletín ese regalo contigo o lo dejarás en tu casa, esperando a que Jesús lo venga a retirar, eso lo eliges tú.
Seguramente en esos días, alguien, algún pequeño, alguna persona con carencias, alguien que necesita, te dirá que le ayudes, ese es Jesús que viene a buscar
su regalo, dáselo, entonces esa persona leerá lo que tú has escrito, "Para Jesús que vive en Ti".
Te puedo asegurar que te emocionarás, y esa persona que Dios ha puesto en tu camino, jamás olvidará lo que allí leerá y por siempre le quedará en su alma, entonces allí se habrá cumplido el Evangelio "Todo lo que hagas al más pequeño, a Mi me lo haces".
Juntos hagamos que esta Navidad, nos deje una enseñanza en el alma, sé que todos tenemos problemas económicos, pero un dulce... no hará más pobre a ninguno de nosotros y les aseguro que será el dulce más dulce del mundo.
Reenvía este mensaje, quizás a alguien le haga bien recibirlo y ponerlo en práctica, si somos 1,000,000 de almas haciendo esto, daremos 1,000,000 de regalos a Jesús, ¿qué tal? Uno solo no puede hacerlo todo, pero todos podemos hacerlo.
TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO
TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO
entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a: MOUSSA AG ASSARID,
No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo - ¡Qué turbante tan hermoso...!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué? - Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio... - ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?
- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome... - ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró. - Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele. - Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
- Qué paz... - Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a: MOUSSA AG ASSARID,
No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo - ¡Qué turbante tan hermoso...!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué? - Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio... - ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?
- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome... - ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró. - Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele. - Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
- Qué paz... - Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
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